¡No mates al niño que llevas dentro!
El amor seca las lágrimas,
el odio, el alma.
No mates al niño

No conozco ninguna imagen que denote más serenidad que un niño dormido en el regazo de su madre.
El niño y dormido.
Ternura, fragilidad, indefensión, confianza, todo en un regazo protector y maternal.
Nunca he querido matar a ese niño que hay en mí y sí intenté aniquilar, destruir y asesinar al nene caprichoso, gemelo del niño y que cada uno llevamos también dentro.
¿Ha muerto en ti el niño?
Si no coges nidos ni deseas alcanzar las estrellas o tocar el arco iris de la tarde de lluvia; si no persigues a los gatos ni juegas con la escoba, si tu fantasía no vuela y se secó, si te avergüenzas por llamar a las cosas por su nombre...me temo que ya murió en ti.
¿Has eliminado al nene?
Si sigues queriendo cosas y cosas, dulces y caprichos, juguetes de mayores y querencias ...
Si todavía pataleas sin razones y lanzas lloros para conseguir lo que quieres y deseas ... es que lo llevas vivo todavía.
Quiero ver nacer las margaritas en el prado y que todavía las siga acariciando al atardecer mientras correteo con el perro.
Con ternura y frescura, pan sin cocer, así te veo. Papel en blanco, pizarra sin escribir, camino no pisado. Virgen, sin estrenar. Todo claro, nítido, cielo sin nubes, mundo por descubrir, pequeña planta a crecer, edificio a construir, terreno a rotular y gran horizonte por pintar con los dos grandes colores del ser humano, el blanco de libertad y el rojo del amar.
Niño, ternura, ojos claros donde podrá dibujarse el mundo entero. Promesa en interrogante, misterio por descifrar.
Niño, semilla de futuro, fruto de eternidad.
Así, así te quiero con ritmo de crecimiento, sin compás de espera y con la armonía, siempre de la bondad.
¡No mates al niño, a ese niño que llevas dentro!